24 abr 2010

TIEMPO MUERTO

Días muertos pasan en silencio. Camino solo: yace el tiempo muerto en mis
pies. Ángeles fugaces escupen sangre sobre los ojos pétreos del tiempo. Los
ayeres invaden mi cuerpo, las horas se pierden en la noche. Salgo, el viento
toca mis sueños, para observar la maldad de la lluvia: palpo la oscuridad del
dolor. Aires mórbidos despeinan el cabello suelto de la mujer. La felicidad
habita en los bares: en el licor subyace la existencia. Todo se detiene. El
espejo refleja la luz de la muerte; las sombras avanzan sobre los cadáveres
yertos que lucen en la calle. Guardo los escombros del pasado. Espero sin
obcecación el futuro; se beatifica la flama de la ignominia del presente. Abro
la puerta, me hundo en la sordidez del tiempo muerto.

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