La luz se disemina en la soledad oscura de mi ser. A lo lejos, se oye una voz
ininteligible, no se entiende, sólo el eco de las sombras se escuchan por los
pasillos. Bajo las escaleras del pasado para adentrarme en las entrañas de la
existencia. Me encuentro con mi sombra. No le hablo, sólo le pido que se
vaya. Una brizna de paz permea mi cuerpo, el olvido se esconde nuevamente.
Me busco, el silencio no comparte mi agonía. En el espejo, mi voz no halla
respuesta. Otra sombra fúnebre toca a la puerta. La muerte entra con respeto.
Le miento la madre a mi sombra: sus entrañas se rompen. Un cuerpo yerto
yace en la luz, que se dispersa por los sueños. Amanece. La muerte se aleja.
Sonríe. Despierto entre un charco de sangre. Tengo un puñal entre mis
manos.
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